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viernes, 23 de julio de 2010

CENTRO

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Decisión es
juicio; es
fallo (¿error?).

Indecisión es
centro en el laberinto
de existencias no pisadas (¿vistas?).

Dejar atrás es
pérdida; 
continuar es 
ganancia.
Mientras en el centro
sigue hilvanándose el tejido
de los sueños inconclusos,
sin huellas:
no sidos;
donde la serenidad
vive,
sin necesidad de juicio
(sin distinción
se ama)...

Decisión,
definición:
oh hermes limitadores de la existencia
(y sus únicos hacedores posibles)
¿cómo no renunciar a vosotros?...

Caminos aparentemente salvadores
hacen descansar
(se anda),
pero la renuncia a lo lineal
se adivina en la circulares huellas,
paralelamente abandonadas
en los sucesivos esquiles del pasado
(recolecta de futuribles para el alma).
Pero el circonfuso mundo
no deja de señalar, cruel
(para con la existencia),
el solitario espacio;
el lugar al que la ya consciente (querida) soledad
regresa...
No obstante está habitado
el violáceo punto tejido con hilos invisibles
en el que acabar rindiéndose,
irremisiblemente,
a la perfección de la creciente tela,
en la que una araña se niega el alimento,
pues nada atrapa
(más que asímisma).

A cambio,
nada deja atrás;
a cambio,
todo sin asir vislumbra:
alegrías y horrores,
pasiones y fugas,
repulsas y gozos,
preferencias y adversiones
van paulatinamente
dejándose de sentir
y la que fuera repugnante bola gris y sinsentido
se salva allí;
allí donde tus pasos no dejan huella.

V. H. Gª. Brea

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Me vienen a la cabeza alguans citas.

En algún sitio escribió Julio Cortázar, algo que cito de memoria: Gana quien conquista el centro, pero el centro podría estar en un margen o fuera del tablero.

Eugenio Trías: Esta zona intermedia, medianera y fronteriza entre lo humano y lo divino... Concebir y conceptuar el ser en tanto que ser como limes, como límite y frontera... La razón fronteriza es una razón que por su misma naturaleza está abocada a un diálogo con aquello que normalmente se considera excluido o fuera de la razón o incluso como el fin de la razón.

Wittgenstein: "El sujeto es un límite del mundo".

MERCURIO dijo...

Anónimo, qué interesante comentario.. La poesía espontánea entiendo como la forma de expresión menos contaminada del ser, pero no cabe duda de que mi imaginación está contaminada de otras, así que valga esta confesión para contestarte, desde otra parte de mí, intelectualizante, atraída por la hermenéutica, que muchos de los que he leído, incluso positivistas como Wittgenstein, acaban por reconocer paradójicamente lo mismo que los de otros "bandos": el hombre es límite; la palabra es límite.. El centro entiendo como el lugar en que el hombre logra distanciarse de la apariencia y conectar con su ser y no sólo con su ser sino con eso inexorable o no realidad, sólo intuída, que sentimos que se nos escapa, al tener conciencia de nuestra ignorancia, en definitiva con un misterio liberador; reconciliador con nuestros límites.. Pero dudo que el hombre soporte el equilibrio de forma indefinida; creo con Cortázar en esa conquista, pero habrá de ser reconquista: creo que el hombre necesita pisar un suelo, caminar (y fíjate que mi yo del poema anhela otra cosa, porque teme errar, seguramente...Ahora se me me ha venido a la cabeza la referencia sobre el verde que hace Kandinsky..) O quizá fuera de Oriente no podamos en el fondo más que entender la quietud, entendida como permanencia en un centro equilibrador de tensiones, más que como un insoportable sacrificio del Yo y es por eso que nos sea imposible instalarnos en centro alguno... Muchas gracias por pasarte, por el comentario y por las citas.

Pablo Medrano dijo...

El eterno retorno y, en el centro, ese lugar de salvación, sin juicio, sin acción y sin razón. Me ha encantado, Mercurio, brillante reflexión.

ordenador dijo...

Escribió Gerardo Diego en su "alondra de verdad":

...Y tú, inocente, duermes bajo el cielo.
Tú por tu sueño, y por el mar las naves.

MERCURIO dijo...

Hola Pablo, disculpa: no ví tu comentario hasta hoy. MUCHAS GRACIAS. Me alegra que te gustara...

MERCURIO dijo...

GRACIAS por traerme a Gerardo Diego. Sí, él encontró "su" ave. Esa alondra de modesta presencia y de voz modesta, pero propia, esencial (¿auténtica?). Y se me antoja su alondra posada en un humilde rincón del universo, pero cantando; cantando entre el silente zumbar del cosmos y el ruidoso mundo, acaso en ese lugar de leyendas donde se encuentra lo maravilloso. Esa región, ni de vivos ni de muertos, donde todas las transformaciones son posibles (quizá encontrara el poeta su yo, quizá lo encontrara en el poema...). Y hablando de posibles y de verdad se me vienen a la cabeza las palabras de Mª. Zambrano: "no se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero"...
G-R-A-C-I-A-S, ordenador: jaja

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